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Una segunda oportunidad en la vida
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Por Jorge E. Bañales

En la mañana del sábado 21 de febrero del 2004, seis días después de cumplir 54 años, mi padre, Jorge A. Bañales, se levantó temprano como lo hace siempre y se preparó para sus clases de TaiChi en un parque cercano.

Sentado en su auto, sintió una molestia dentro del pecho, pero no le prestó mucha atención y comenzó a manejar. Después de conducir unas pocas cuadras el dolor aumentó y él sintió que se le adormecía el brazo izquierdo. Como profesor de educación física él había tomado clases de resucitación cardiopulmonar así que reconoció los síntomas inmediatamente.

Mi padre estaba teniendo un ataque al corazón.

Mientras trataba de llegar al hospital más cercano mi padre estaba un poco desorientado, pero finalmente logró hacer señales a un patrullero (agente policial -me parece que lo de "patrullero" es muy uruguayo) que a su vez llamó a la ambulancia. Durante el viaje en la ambulancia los paramédicos comenzaron el tratamiento y cuando mi padre llegó a la sala de emergencia, los doctores realizaron una angioplastia a través de la vena femoral, sin anestesia porque su presión sanguínea estaba muy baja.

Nacido en Uruguay, mi padre vive en Estados Unidos desde 1982, y se acuerda claramente de ese día.

"Me acuerdo de la sala, los monitores que estaban a mi izquierda en donde podía ver las imágenes del procedimiento. Me acuerdo del movimiento de cada una de las arterias coronarias con cada latido del corazón y la voz de uno de los técnicos que indicaba que 'me iba'. Me acuerdo que las palpitaciones se hacían cada vez más lentas y débiles y las instrucciones del cardiólogo", dice. "Me pusieron dos stents (en inglés) en la arteria izquierda anterior. Y luego me pusieron en la sala de recuperación y me dieron de alta el lunes por la mañana."

Mi padre salvó su vida porque reconoció los síntomas de un ataque al corazón y actuó rápido para conseguir ayuda.

Según el estudio "Cuán conscientes son los hombres hispanos en Estados Unidos sobre cuáles son los síntomas de un ataque al corazón y un derrame cerebral", publicado en el Journal of Immigrant and Minority Health (JIMH) en octubre del 2010, demasiados hombres hispanos están dentro de "un grupo de alto riesgo que no busca tratamiento temprano para ambos los ataques al corazón y los derrames cerebrales". El estudio indica que "se necesita una investigación que tenga como objetivo aclarar el conocimiento que tiene este grupo demográfico sobre las señales de advertencia para estos acontecimientos graves".

Los participantes del estudio fueron hombres hispanos que viven en Estados Unidos y que tenían entre 18 y 99 años de edad. El estudio reveló que solamente el 34,6 por ciento sabia qué dolor o molestia en la mandíbula, el cuello, o la espalda son síntomas de un ataque al corazón y que el 44,1 por ciento pensó incorrectamente que ver doble repentinamente en ambos ojos era una señal de un ataque al corazón. "Además, el 37,7 por ciento respondió incorrectamente a la pregunta sobre el sentirse débil, mareado, o desfalleciente como síntomas de un ataque al corazón". Cerca del 10 por ciento no se dio cuenta que llamar al número de emergencia 911 era la primera respuesta apropiada a estos acontecimientos graves.

Aunque una dieta saludable y el ejercicio en forma moderada son importantes, mi padre es un ejemplo de que estas cosas no son siempre suficientes para evitar las enfermedades cardiacas. "Mi estilo de vida era y es razonablemente saludable. No estaba gordo, pero sí fumaba uno a dos cigarrillos al día - a veces no fumaba durante días - pero en aquel momento fumaba más de lo que era común para mí", dijo. "Siempre me dedique a algún tipo de actividad física. Soy instructor de TaiChi lo que quiere decir que practico todos los días por mi cuenta y que practico con los estudiantes cuando doy clases".

Sin embargo, admite que hubo algunas señales.

"Durante muchos años me despertaba durante la noche con las manos y brazos adormecidos. Los exámenes médicos anuales por muchos años indicaron niveles altos de colesterol y triglicéridos. Disminuí mi consumo de dulces y adapté mi dieta a lo que me recomendaron los médicos. El problema, en mi caso, es genético y causado por el colesterol que produce mi cuerpo más el colesterol que se encuentra en los alimentos que consumía", dijo mi padre.

Durante los años previos al ataque él dijo que sufrió varios acontecimientos que cambiaron su vida y que causaron mucha tensión, algo que a la vez lo deprimió. En el 2000, tuvo un colapso en el trabajo y en la clínica que lo trató le dijeron que padecía de síntomas de un ataque al corazón y lo mandaron a un hospital donde, después de unos exámenes, fue dado de alta sin un diagnóstico definitivo.

Luego del ataque al corazón se le dijo que descansara, pero tuvo que retornar al hospital en ambulancia unos 10 días después cuando volvió a tener dolor en el pecho. Como precaución, los doctores introdujeron un catéter, esta vez por la vena femoral izquierda para determinar si había obstrucción de los stents, pero fue dado de alta al día siguiente.

Durante los próximos meses mi padre siguió un régimen de dieta y ejercicio que él mismo se impuso. Un año más tarde se hizo socio de un gimnasio y se dedico a completar una versión más ligera de una rutina de ejercicio que encontró en un libro. Durante enero, siguió haciendo ejercicio y completó el 80 por ciento de sus metas.

"Mientras han pasado los años me han hecho otras angiografías, me han cambiado los medicamentos, y ejercito más", el dice. "Fumo un poco y trato de tomar un vaso de vino cada noche".

Estos días el toma aspirina, diluyentes sanguíneos, y cuatro medicamentos de receta para bajar el colesterol y la presión sanguínea.

Según é, su estilo de vida no ha cambiado mucho. Sigue trabajando ocho horas al dia en un empleo que requiere que se levante a las cuatro de la mañana. También trabaja haciendo traducciones freelance y enseña Tai Chi cuatro horas a la semana.

"Lo que sí ha cambiado es cómo encaro la vida", dice. "Desde el ataque al corazón he perdido noción del futuro. Es muy difícil para mí planificar algo para las próximas dos semanas; y algo que ocurrirá en un mes es algo muy remoto para mí. Es como si viviera para hoy, mañana y el día siguiente.

"Sin que sea un pensamiento deprimente o sobrio, lo considero muy posible que éste sea mi último dia; vivo como si me fuera a morir en este momento y encuentro esto muy liberador". Él dice que ha tomado varios pasos para hacer que la vida sea menos tensa. Ya no se siente nostálgico sobre el pasado y esto le ha dado un sentido de libertad.

"Mientras pueda hacer algo para bajar mi colesterol, lo hago - medicamentos, dieta, ejercicio - pero creo que la diferencia más grande en mi vida ha sido cómo manejo la tensión", dice. "No me preocupo de perder muchas cosas en el futuro. Ya he perdido muchas cosas y he sobrevivido".

Los hispanos son el grupo demográfico de mayor crecimiento en Estados Unidos y han sobrepasado a todos los demás grupos raciales y étnicos para convertirse en la minoría más grande del país. Hay más de 30 millones de hispanos en EE.UU. y el grupo está en camino a constituir el 24 por ciento de la población para el 2050.

Sin embargo, el estudio de JIMH indica que no hay mucha información epidemiológica que se enfoque en los índices de incidencia de ataques cardiacos y derrames cerebrales para este grupo demográfico. La evidencia sugiere que las complicaciones y muertes debido a derrames cerebrales afectan desproporcionadamente a los mexicanos-americanos, el subgrupo de hispanos más grande del país.

"Cada vez que miro el calendario me sorprende que en poco tiempo ya serán siente años de casi me muero, y de que he tenido más de 2.500 días adicionales", dijo mi padre. "Es suficiente como para que uno se sienta mejor.






Última modificación: 21/02/2012 02:15:00 PM

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